OK ON domingo, 5 de mayo de 2013 AT 20:13
Capitulo 11.
—¿¡Que
te sucede!? ¡Tú nunca me has hecho esto!— Changmin vociferó, golpeándolo con las dos manos echas
un puño. — ¡Y justo ahora!
Un día mientras él y Jaejoong bromeaban en el carro del
primero, llegaron a la conclusión de que el volvo merecía tener un nombre.
—¿Cómo te atreves, Naruhodo?— gruñó al aludido, mientras intentaba arrancar
de nuevo, pero el vehículo parecía no querer hacerlo. Una razón era que su tanque
estaba vacío de gasolina, y aún así el castaño, tercamente, no se daba por
vencido en que por algún milagro este finalmente encendiera para poder largarse
de ahí.
Tenía que irse antes de
perder el control, al saber que a tan solo unos metros
estaba Jaejoong. Antes de cruzar
la puerta, para volver a entrar al recinto y tomarlo del brazo para llevárselo
a su departamento y demostrarle que él era mucho mejor que ese delincuente de
Eunjae.
Sin embargo…ese era tan sólo
un pensamiento, un impulso, no lo llevaría jamás a la realidad. No debía, más
bien. Por esa razón, aseguró las puertas del vehículo, encerrándose a mismo. Decidido a no
salir de ahí, para cometer alguna imprudencia. Lo último que necesitaba era más
escándalos a su extenso historial.
Dio un último golpe al
volante, para después apoyar su frente y
gruñir. El corazón le latía demasiado rápido, y comenzaba a sentir su
estomago revuelto por los nervios.
—No despegues tu frente, no
salgas del auto, no te atrevas.— murmuraba entre dientes dándose pequeños topes.
No sirvió de mucho. Cuando
acordó, su mano actuaba sola y abría la puerta, deshacía las llaves y las
guardaba en su bolsillo. Terminó por bajar del coche. Changmin se mordía los
labios, apretando la puerta sin atreverse a cerrarla aún.
Se imagino caminar
decididamente, llegar hasta la mesa lleno de sujetos intimidantes y tomar al
pelinegro de la muñeca. Tenía tantas ganas de darle un puñetazo en la cara a Jaejoong,
como de devorarlo de un beso después de
llevárselo de ahí.
Soltó una risita amarga por
aquel pensamiento.
La música, ahora ruidosa,
del interior, no llegaba a amortiguarse
en las paredes, llegaba a los oídos de Changmin y esto, le hacía aún más consciente del lugar en
donde estaba. Su mirada se mostró perdida por un instante, chasqueó la lengua frunciendo el ceño y se adentró de nueva
cuenta al auto.
Donde después, acurrucándose
en el asiento y pegando sus rodillas al pecho al subir las piernas, trató de que Yoochun le contestara. Pero el
número simplemente marcaba fuera de servicio.
Estaba convencido de que él se
habia ido con alguna chica y apagó su celular para que no le molestaran.
Soltó una maldición, algo
inusual en él, después de arrojar su
celular al asiento capitulo.
“¿Ahora qué?” pensó, mirando
a las personas salir y entrar del lugar siendo
iluminadas por las luces del los autos que se estacionaban.
.
.
.
Jaejoong se quedó observando
el rostro del par de sujetos frente
a él, después de que uno le pasará una cerveza, así… ambos corpulentos de piel morena probablemente rondando los treinta y
tantos, le hacían preguntarse qué tipo
de tratos llevaba Eunjae con ellos, pero más importante, porque el pelirrojo lo
habia querido traer a él aquí esta noche.
Eunjae hablaba con ellos de
algo que él no podía entender realmente, sin embargo, parecían estar llegando a un trato. Tampoco
era como si estuviese prestando mucha atención, los términos que llegaba a
comprender le ponían los vellos de punta. La música estruendosa comenzaba a pulsarle en
las sienes. Jaejoong cerró los ojos por un momento. Comenzaba a sentirse un tanto mareado.
Su botella era la única en terminarse
pues cuatro largos tragos le habia dado,
la sostenía en su mano con algo de nerviosismo, mientras que con la otra
apretaba la tela de su pantalón. No
podía enfocar muy bien las cosas, los rostros de los tipos se volvían borrosos
por momentos.
Escuchó su nombre de los
labios de uno, seguido de una carcajada, después algo que no alcanzó a
comprender provenir del otro.
Dejó la botella en la
superficie de vidrio, notando cómo su
mano temblaba un poco. ¿Qué le pasaba?
Eunjae tocó su hombro
suavemente, llamándole.
—¿Te encuentras bien?— Le
preguntó, un esbozo de preocupación en su voz.
Jaejoong intentó asentir, pero sus ojos se cerraban.
El pelirrojo lo tomó del rostro, obligándolo a verle.
Habia dos Eunjae’s para el menor, y no podía entender muy bien lo que decía.
—¿Qué mierda?—Exclamó,
observando ahora a los tipos. —¿Qué le hicieron? Ustedes querían que trajera un
acompañante. ¿¡Para qué diablos!?— El pelirrojo se puso de pie, estampando su botella
en la mesa y causando un estruendo.
—No llames la atención.—
Siseó uno. El más viejo, quien vestía la chaqueta de cuero, se descubrió
mostrando una pistola escondida en la prenda oscura.
—–Sólo queríamos ver la mercancía
manejabas. –apuntó con un semblante inexpresivo ahora, peligroso. – Empezaremos
con él, y ya veremos sí te contratamos como proveedor.
Eunjae reprimió las ganas de
pelea por esta vez, tomó la muñeca de un aturdido Jaejoong, para levantarlo de la silla.
—Jaejoong, no ¿entienden? Se suponía que sería con LeeU ¿no lo
recuerdan? — Habló cauteloso. —No hay trato con Jaejoong.
—Oh, no te pongas así.–rió
el otro, levantando las manos como si quisiera calmar la situación. —¿No es obvio?
Si un proxeneta. –Se señaló el mismo y su compañero.— Te pide que traigas a un
chico para que te acompañe…y siendo tú
¿Qué deberías pensar? No te pongas
pesado con nosotros, niño. No estamos jugando.
—Yo creo que este jovencito
es mejor, ¿no? Podríamos pagarte el
doble por él.- murmuró el otro pensativo.
Eunjae afiló la mirada,
haciendo más fuerza en su agarre situó
al menor (que parecía estar a punto de caerse) detrás de él, retrocediendo. –Olvídalo.
—¿Qué? ¿Ese chico es tuyo?
—Por supuesto. – Casi les
gruñó. –Tenemos que irnos. – Dicho esto, tomó al pelinegro por la cintura y
pasó un brazo lánguido por su cuello.
. —¿Hiciste control de
calidad?— Soltó una risotada sin una pizca de humor. Ellos iban en serio. —¿Fue
bueno? ¿Cuál es su valor?
Ignorando lo último y los
llamados del hombre, el pelirrojo caminó cómo pudo entre la gente para salir
del club, sin mirar atrás: donde uno de
los dos hombres llamaba por celular con media sonrisa y ambos se ponían de pie
también.
El guardia los dejó salir
pensando que Jaejoong estaría demasiado ebrio y por eso el otro debía ayudarlo
a caminar. Cruzaron la pequeña calle hasta la parte con menos iluminación,
junto a las paredes grises que bordeaban el lugar. Apenas habían llegado al
estacionamiento, su camioneta estaba a unos cuantos autos, debían darse prisa.
—H…hyung…— Balbuceó sin
poder pronunciar bien, todo era borroso y la cabeza le pesaba tanto que creyó
en cualquier momento caería al suelo –No me siento bien…— sus rodillas
flaquearon, recargándose completamente en el cuerpo más alto.
Eunjae lo sostuvo de los
hombros, aprisionándolo contra la pared. Jaejoong no atinaba a reaccionar a las
pequeñas palmaditas que le daba en las mejillas para que volviera en sí.
—No hagas esto ahora. –
Continuó Eunjae. – Despierta. — Esta vez lo empujó, pero Jaejoong si quiera
reaccionó por el golpe. Aferró sus manos
a la camisa del más alto, débilmente, soltando un quejido amortiguado antes de cerrar los ojos
y dejarse caer por completo. Se habia desmayado por la droga.
Eunjae pasó una mano por su
cintura para evitar que cayese al suelo.
Intentó echar el peso muerto de Jaejoong
a su hombro, cuando las luces de un auto
a su espalda, encandilaron su visión.
Por accidente dejó caer el cuerpo inconsciente, cuando volteó a aquella dirección, sobresaltado. Habia creído que se trataba
de los dos negociantes. Pero solo eran adolescentes maniobrando para salir de
esa zona estacionamiento, la cual estaba quedando casi desierta.
Jaejoong habia caído de
sentón, recargándose contra la pared. Una mueca de dolor se formó en su rostro,
ahora pálido. Eunjae se inclinó al instante, sosteniendo sus mejillas.
—¿Qué lo fue que te dieron?
–susurró con preocupación. No sabía qué hacer, si debía llevarlo al hospital. A
saber si era peligroso o quizás tan sólo tenía que esperar a que los efectos se
pasaran con las horas.
Aún así, no estaba muy
seguro de lo último.
Removió un par de mechones negros que se pegaban a su frente.
Jaejoong comenzaba a transpirar, Eunjae pensó que quizás estaba bien aquello y
decidió llevarlo a casa.
Pero cuando se acercó más
para pasar sus manos por debajo de las rodillas y el cuello del menor para
cargarlo, una mano apretó dolorosamente su hombro. Después el pelirrojo fue
obligado a voltearse.
Una mano echa un puño se
estampó contra su boca y nariz, llevándolo hacia atrás
— ¡¿Qué estás haciendo con Jaejoong?!—
Gritó Changmin, hecho una furia, con los
ojos redondeados. Tomó a Eunjae por el cuello, manchándose las manos de sangre
proveniente de la hemorragia nasal.
El castaño los habia visto
minutos atrás, saliendo del recinto demasiado juntos. Habia apretado el
volante, mordiendo sus labios hasta casi hacerlos sangrar, sintiendo por
primera vez lo que era tener aquellos celos que quemaban el estomago y hacia que
tus ojos ardieran.
Pero entonces vio que más
que parecer ebrio, Jaejoong estaba débil, a punto de desmayarse, y el cómo se dejaba caer a los brazos de Eunjae.
No lo habia pensado dos veces y habia
bajado del auto con los puños encrespados.
Tiró a Eunjae a un lado
sujetándolo de la tela de su camisa, alejándolo del pelinegro. El de cabello rojo no pudo impedirlo porque intentaba
parar el flujo de sangre en su nariz con las dos manos, aturdido. Changmin lo
habia golpeado realmente fuerte. Después de todo, habia estado reprimiendo las
ganas de golpear a Eunjae por un buen tiempo.
—Jaejoong…Jaejoong… oye…—
Llamó el cantante, levantando su rostro por el mentón. Sus ojos estaban cerrados, y sus
labios ahora sin color, olían a alcohol.
No parecía reaccionar.
No
entres en pánico, Shim Changmin. Jaejoong estará bien, sólo tienes que llevarlo
malditamente rápido a un hospital.
La mirada de Changmin se
cristalizó, sin embargo, logró rodearlo y llevarlo entre sus brazos. No sé le pasó por la mente si era pesado o
no, o incluso si Eunjae comenzaba a ponerse de pie con el rastro de sangre en
todo su rostro, o su Yoochun aún estaba adentro del club.
Tenía que encontrar un taxi.
Tampoco prestó atención a la
camioneta de vidrios negros que se
precipitaba hacia ellos. Eunjae empujó a
Changmin hacia la última fila de autos
aparcados para ocultarlo entre ellos, quedando tirado con Jaejoong a cuestas. Después
el vehículo, dio la vuelta, derrapando desastrosamente sobre el pavimento y
estacionándose a unos metros de los tres.
-¡Largo!- Le gritó a
Changmin, su voz profunda se escuchaba aterrorizada. - ¡Llévate a Jaejoong!-
bramó, rebuscando nerviosamente en el bolsillo de su pantalón y lanzándole las
llaves de su camioneta.
Cargando el cuerpo de
Jaejoong ahora en su espalda y reincorporándose, Changmin las atrapó a pesar de
la confusión.
-¡Maldita sea, date prisa!-
Señaló su vehículo, sin voltearlo a ver ahora, pendiente de los sujetos que se
bajaban del otro transporte. Eunjae conocía a unos cuantos de ellos, y sabía
que estaba en problemas, sin embargo, no podía permitir que Jaejoong, a pesar
de todo, resultara dañado por su culpa.
Aunque Changmin no podía
saber de qué se trataba todo eso, aún
así comprendió que lo mejor sería correr. O intentar hacerlo con el peso extra.
Dirigiéndose a la dirección señalada, apunto frenéticamente con el control
eléctrico de las llaves hasta que, gracias al cielo, dio con la camioneta
correcta.
Presionó una vez más,
escuchando una especie de clic. Changmin
abrió la puerta del copiloto para dejar a Jaejoong recostado. Al entrar,
justo antes de arrancar la enorme 4x4, abrochó el cinturón de seguridad del
mayor.
-Eres un idiota.- Susurró
cerca de aquel rostro, las pestañas
acariciaban los pómulos húmedos por el sudor. Lo observó con un indecible
pesar. Se alejó para tomar el volante, encender y dar
reversa. –Eres un idiota, Changmin.
Lo único que pudo ver el
cantante por el espejo retrovisor, para acelerar y salir a la avenida llena de autos, fue al
pelirrojo siendo rodeado por aquellos sujetos, más otros dos más que salían del
club.
-Contesta Yoochun- Trató de
marcar de nuevo, agradeciendo en tenerlo como marcación rápida. Casi se echa a
llorar cuando su amigo descolgó el teléfono. -