ON domingo, 5 de mayo de 2013 AT 21:23
Capitulo 11.
—¿¡Que te sucede!? ¡Tú nunca me has hecho esto!— Changmin vociferó, golpeándolo con las dos manos echas un puño. — ¡Y justo ahora!
Un día mientras él y Jaejoong bromeaban en el carro del primero, llegaron a la conclusión de que el volvo merecía tener un nombre.
—¿Cómo te atreves, Naruhodo?— gruñó al aludido, mientras intentaba arrancar de nuevo, pero el vehículo parecía no querer hacerlo. Una razón era que su tanque estaba vacío de gasolina, y aún así el castaño, tercamente, no se daba por vencido en que por algún milagro este finalmente encendiera para poder largarse de ahí.
Tenía que irse antes de perder el control, al saber que a tan solo unos metros estaba Jaejoong. Antes de cruzar la puerta, para volver a entrar al recinto y tomarlo del brazo para llevárselo a su departamento y demostrarle que él era mucho mejor que ese delincuente de Eunjae.
Sin embargo…ese era tan sólo un pensamiento, un impulso, no lo llevaría jamás a la realidad. No debía, más bien. Por esa razón, aseguró las puertas del vehículo, encerrándose a mismo. Decidido a no salir de ahí, para cometer alguna imprudencia. Lo último que necesitaba era más escándalos a su extenso historial.
Dio un último golpe al volante, para después apoyar su frente y gruñir. El corazón le latía demasiado rápido, y comenzaba a sentir su estomago revuelto por los nervios.
—No despegues tu frente, no salgas del auto, no te atrevas.— murmuraba entre dientes dándose pequeños topes.
No sirvió de mucho. Cuando acordó, su mano actuaba sola y abría la puerta, deshacía las llaves y las guardaba en su bolsillo. Terminó por bajar del coche. Changmin se mordía los labios, apretando la puerta sin atreverse a cerrarla aún.
Se imagino caminar decididamente, llegar hasta la mesa lleno de sujetos intimidantes y tomar al pelinegro de la muñeca. Tenía tantas ganas de darle un puñetazo en la cara a Jaejoong, como de devorarlo de un beso después de llevárselo de ahí.
Soltó una risita amarga por aquel pensamiento.
La música, ahora ruidosa, del interior, no llegaba a amortiguarse en las paredes, llegaba a los oídos de Changmin y esto, le hacía aún más consciente del lugar en donde estaba. Su mirada se mostró perdida por un instante, chasqueó la lengua frunciendo el ceño y se adentró de nueva cuenta al auto.
Donde después, acurrucándose en el asiento y pegando sus rodillas al pecho al subir las piernas, trató de que Yoochun le contestara. Pero el número simplemente marcaba fuera de servicio. Estaba convencido de que él se habia ido con alguna chica y apagó su celular para que no le molestaran.
Soltó una maldición, algo inusual en él, después de arrojar su celular al asiento capitulo.
“¿Ahora qué?” pensó, mirando a las personas salir y entrar del lugar siendo iluminadas por las luces del los autos que se estacionaban.
.
.
.
Jaejoong se quedó observando el rostro del par de sujetos frente a él, después de que uno le pasará una cerveza, así… ambos corpulentos de piel morena probablemente rondando los treinta y tantos, le hacían preguntarse qué tipo de tratos llevaba Eunjae con ellos, pero más importante, porque el pelirrojo lo habia querido traer a él aquí esta noche.
Eunjae hablaba con ellos de algo que él no podía entender realmente, sin embargo, parecían estar llegando a un trato. Tampoco era como si estuviese prestando mucha atención, los términos que llegaba a comprender le ponían los vellos de punta. La música estruendosa comenzaba a pulsarle en las sienes. Jaejoong cerró los ojos por un momento. Comenzaba a sentirse un tanto mareado.
Su botella era la única en terminarse pues cuatro largos tragos le habia dado, la sostenía en su mano con algo de nerviosismo, mientras que con la otra apretaba la tela de su pantalón. No podía enfocar muy bien las cosas, los rostros de los tipos se volvían borrosos por momentos.
Escuchó su nombre de los labios de uno, seguido de una carcajada, después algo que no alcanzó a comprender provenir del otro.
Dejó la botella en la superficie de vidrio, notando cómo su mano temblaba un poco. ¿Qué le pasaba?
Eunjae tocó su hombro suavemente, llamándole.
—¿Te encuentras bien?— Le preguntó, un esbozo de preocupación en su voz. Jaejoong intentó asentir, pero sus ojos se cerraban.
El pelirrojo lo tomó del rostro, obligándolo a verle. Habia dos Eunjae’s para el menor, y no podía entender muy bien lo que decía.
—¿Qué mierda?—Exclamó, observando ahora a los tipos. —¿Qué le hicieron? Ustedes querían que trajera un acompañante. ¿¡Para qué diablos!?— El pelirrojo se puso de pie, estampando su botella en la mesa y causando un estruendo.
—No llames la atención.— Siseó uno. El más viejo, quien vestía la chaqueta de cuero, se descubrió mostrando una pistola escondida en la prenda oscura.
—–Sólo queríamos ver la mercancía manejabas. –apuntó con un semblante inexpresivo ahora, peligroso. – Empezaremos con él, y ya veremos sí te contratamos como proveedor.
Eunjae reprimió las ganas de pelea por esta vez, tomó la muñeca de un aturdido Jaejoong, para levantarlo de la silla.
—Jaejoong, no ¿entienden? Se suponía que sería con LeeU ¿no lo recuerdan? — Habló cauteloso. —No hay trato con Jaejoong.
—Oh, no te pongas así.–rió el otro, levantando las manos como si quisiera calmar la situación. —¿No es obvio? Si un proxeneta. –Se señaló el mismo y su compañero.— Te pide que traigas a un chico para que te acompañe…y siendo tú ¿Qué deberías pensar? No te pongas pesado con nosotros, niño. No estamos jugando.
—Yo creo que este jovencito es mejor, ¿no? Podríamos pagarte el doble por él.- murmuró el otro pensativo.- No tendrias que vender otro más para terminar de pagarle las armas a Hanbaek.
Eunjae afiló la mirada, haciendo más fuerza en su agarre situó al menor (que parecía estar a punto de caerse) detrás de él, retrocediendo. –Olvídalo.
—¿Qué? ¿Ese chico es tuyo?
—Por supuesto. – Casi les gruñó. –Tenemos que irnos. – Dicho esto, tomó al pelinegro por la cintura y pasó un brazo lánguido por su cuello.
. —¿Hiciste control de calidad?— Soltó una risotada sin una pizca de humor. Ellos iban en serio. —¿Fue bueno? ¿Cuál es su valor?
Ignorando lo último y los llamados del hombre, el pelirrojo caminó cómo pudo entre la gente para salir del club, sin mirar atrás: donde uno de los dos hombres llamaba por celular con media sonrisa y ambos se ponían de pie también.
El guardia los dejó salir pensando que Jaejoong estaría demasiado ebrio y por eso el otro debía ayudarlo a caminar. Cruzaron la pequeña calle hasta la parte con menos iluminación, junto a las paredes grises que bordeaban el lugar. Apenas habían llegado al estacionamiento, su camioneta estaba a unos cuantos autos, debían darse prisa.
—H…hyung…— Balbuceó sin poder pronunciar bien, todo era borroso y la cabeza le pesaba tanto que creyó en cualquier momento caería al suelo –No me siento bien…— sus rodillas flaquearon, recargándose completamente en el cuerpo más alto.
Eunjae lo sostuvo de los hombros, aprisionándolo contra la pared. Jaejoong no atinaba a reaccionar a las pequeñas palmaditas que le daba en las mejillas para que volviera en sí.
—No hagas esto ahora. – Continuó Eunjae. – Despierta. — Esta vez lo empujó, pero Jaejoong si quiera reaccionó por el golpe. Aferró sus manos a la camisa del más alto, débilmente, soltando un quejido amortiguado antes de cerrar los ojos y dejarse caer por completo. Se habia desmayado por la droga.
Eunjae pasó una mano por su cintura para evitar que cayese al suelo. Intentó echar el peso muerto de Jaejoong a su hombro, cuando las luces de un auto a su espalda, encandilaron su visión. Por accidente dejó caer el cuerpo inconsciente, cuando volteó a aquella dirección, sobresaltado. Habia creído que se trataba de los dos negociantes. Pero solo eran adolescentes maniobrando para salir de esa zona estacionamiento, la cual estaba quedando casi desierta.
Jaejoong habia caído de sentón, recargándose contra la pared. Una mueca de dolor se formó en su rostro, ahora pálido. Eunjae se inclinó al instante, sosteniendo sus mejillas.
—¿Qué lo fue que te dieron? –susurró con preocupación. No sabía qué hacer, si debía llevarlo al hospital. A saber si era peligroso o quizás tan sólo tenía que esperar a que los efectos se pasaran con las horas.
Aún así, no estaba muy seguro de lo último. Probablemente lo que le habia suministrado a Jaejoong hubiese sido algún tipo de estupefaciente o una droga artificial, para dejarlo indefenso. Los muy malditos pensaron que Jaejoong seria para ellos y por eso trataron de hacerse por la vía fácil llevárselo.
Eunjae se recriminó mentalmente, por no anticiparlo y ahora no estaba seguro si esto se quedaría así o tendría repercusiones con esos hombres.
Removió un par de mechones negros que se pegaban a su frente. Jaejoong comenzaba a transpirar, Eunjae pensó que quizás estaba bien aquello y decidió llevarlo a casa.
Pero cuando se acercó más para pasar sus manos por debajo de las rodillas y el cuello del menor para cargarlo, una mano apretó dolorosamente su hombro. Después el pelirrojo fue obligado a voltearse.
Una mano echa un puño se estampó contra su boca y nariz, llevándolo hacia atrás
— ¡¿Qué estás haciendo con Jaejoong?!— Gritó Changmin, hecho una furia, con los ojos redondeados. Tomó a Eunjae por el cuello, manchándose las manos de sangre proveniente de la hemorragia nasal que habia causado.
El castaño los habia visto minutos atrás, saliendo del recinto demasiado juntos. Habia apretado el volante, mordiendo sus labios hasta casi hacerlos sangrar, sintiendo por primera vez lo que era tener aquellos celos que quemaban el estomago y hacia que tus ojos ardieran.
Pero entonces vio que más que parecer ebrio, Jaejoong estaba débil, a punto de desmayarse, y el cómo se dejaba caer a los brazos de Eunjae le preocupó, dejando atrás todos los sentimientos negativos que tuvo minutos antes cuando lo viera por primera ves en la mesa.
No lo habia pensado dos veces y habia bajado del auto con los puños encrespados.
Tiró a Eunjae a un lado sujetándolo de la tela de su camisa, alejándolo del pelinegro. El de cabello rojo no pudo impedirlo porque intentaba parar el flujo de sangre en su nariz con las dos manos, aturdido. Changmin lo habia golpeado realmente fuerte. Después de todo, habia estado reprimiendo las ganas de golpear a Eunjae por un buen tiempo.
—Jaejoong…Jaejoong… oye…— Llamó el cantante, levantando su rostro por el mentón. Sus ojos estaban cerrados, y sus labios ahora sin color, olían a alcohol.
No parecía reaccionar.
No entres en pánico, Shim Changmin. Jaejoong estará bien, sólo tienes que llevarlo malditamente rápido a un hospital.
La mirada de Changmin se cristalizó, sin embargo, logró rodearlo y llevarlo entre sus brazos. No sé le pasó por la mente si era pesado o no, o incluso si Eunjae comenzaba a ponerse de pie con el rastro de sangre en todo su rostro, o si Yoochun aún estaba adentro del club.
Tenía que encontrar un taxi.
Tampoco prestó atención a la camioneta de vidrios negros que se precipitaba hacia ellos.
Eunjae empujó a Changmin hacia la última fila de autos aparcados para ocultarlo entre ellos, quedando tirado con Jaejoong a cuestas. Después el vehículo, dio la vuelta, derrapando desastrosamente sobre el pavimento y estacionándose a unos metros de los tres.
-¡Largo!- Le gritó a Changmin, su voz profunda se escuchaba aterrorizada. - ¡Llévate a Jaejoong!- bramó, rebuscando nerviosamente en el bolsillo de su pantalón y lanzándole las llaves de su camioneta.
Cargando el cuerpo de Jaejoong ahora en su espalda y reincorporándose, Changmin las atrapó a pesar de la confusión.
-¡Maldita sea, date prisa!- Señaló su propio vehículo, sin voltearlo a ver ahora, pendiente de los sujetos que se bajaban del otro transporte. Eunjae reconocía a unos cuantos de ellos, y sabía que estaba en problemas, sin embargo, no podía permitir que Jaejoong, a pesar de todo, resultara dañado por su culpa.
Aunque Changmin no podía saber de qué se trataba todo eso, aún así comprendió que lo mejor sería correr. O intentar hacerlo con el peso extra. Dirigiéndose a la dirección señalada, apunto frenéticamente con el control eléctrico de las llaves hasta que, gracias al cielo, dio con la camioneta correcta.
Presionó una vez más, escuchando una especie de clic. Changmin abrió la puerta del copiloto para dejar a Jaejoong recostado. Al entrar, justo antes de arrancar la enorme 4x4, abrochó el cinturón de seguridad del mayor.
-Eres un idiota.- Susurró cerca de aquel rostro, las pestañas acariciaban los pómulos húmedos por el sudor. Lo observó con un indecible pesar. Se alejó para tomar el volante, encender y dar reversa. –Eres un idiota, Changmin.
Lo único que pudo ver el cantante por el espejo retrovisor, para acelerar y salir a la avenida llena de autos, fue al pelirrojo siendo rodeado por aquellos sujetos, más otros dos más que salían del club.
Incluso si lo consideraba un sujeto despreciable en su vida, sintió miedo por él.
Pisó el acelerador, en marcha hacia el hospital más cercano. Jaejoong respiraba agitadamente y su rostro se volvía más blanco. No tenia ni idea de como estar absorto en sus pensamientos de corazón roto por el chico a su lado, ahora llegaba a estar sosteniendo su mano con fuerza mientras la preocupación por su estado latía en forma de sus labios mordiéndote y preocupación en el pecho.
Deseó, con todas sus fuerzas, que en aquel instante Jaejoong abriese los ojos. No se creía capaz de soportar un poco más el verlo así.
Ante el semaforo en rojo, sabiendo que pasarselo seria una mala idea porque un choque automovilistico definitivamente no iban en sus planes, detuvo la camioneta.
Aprovechó para llamar a Yoochun.
-Contesta. - Trató de contactarlo de nuevo, agradeciendo en tenerlo como marcación rápida. Casi se echa a llorar cuando su amigo descolgó el teléfono- ¡Tu! ¿donde diablos estas?- bramó con la voz un tanto aguda, mientras estaba al pendiente de la luz roja y rezaba porque cambiara.
-Ops..Min-ah...- Susurró este culpablemente. - Me fui con Lizzie... En su auto. ¡Olvide que iba contigo! ¡Siempre me pasa! Te digo, deja de esconderte en los rincones cuando salimos a fiestas.
-Callate ¿Si? - Le interrumpió. -Estoy con Jaejoong.
-Nunca aprendes- Comenzó a decir el actor
-No, escucha. Estoy en problemas, creo que le dieron algo malo, voy a llevarlo al hospital. Todo se salió de control. - Changmin se pasó una mano por el rostro en un intento por tranquilizarse. -Pensé que seguías ahí. Por favor...ven. No estoy muy seguro de que hacer.
-¿Donde estas?- Su voz habia cambiado, tomando seriedad.
-En Hongdae. -El color cambio a verde, y Changmin logró acelerar de nuevo gracias a las calles despejadas. - Voy al centro medico.
-Te veo ahí, Changmin. Ten cuidado. -Se escuchó un suspiro. -Probablemente sea alérgico.
-Chun...tengo miedo. -Confesó el menor, echando un vistazo a Jae, sosteniendo aún su mano, le dio un apretón.
Le dolía ver su rostro ladeado contra el respaldo.
-Todo va a estar bien. Voy hacia allá.
La linea cortó. Changmin no tuvo tiempo de acomodar su celular, lo dejó caer en el suelo alfombrado del auto.
Visualizó el enorme edificio del hospital más prestigioso de Corea del Sur, con las luces en azul neón sobresaliendo a las demás.
Pisó el fondo del acelerador y se detuvo únicamente cuando llegó a la entrada principal. Donde se estacionó sin cuidado y bajó del vehículo, para abrir la puerta del copiloto.
-¡Ayuda aquí! ¡Por favor! -gritó a los paramédicos que estaban sentados esperando a su turno de ingresar con la ambulancia a su departamento.
De inmediato acudieron, ayudando al joven castaño a cargar a Jaejoong. En cuestión de segundos trajeron una camilla y lo recostaron ahí, dirigiéndose inmediatamente a urgencias.
No lograron que Changmin soltará la mano más pálida y fría.
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OK ON AT 20:13
Capitulo 11.
—¿¡Que
te sucede!? ¡Tú nunca me has hecho esto!— Changmin vociferó, golpeándolo con las dos manos echas
un puño. — ¡Y justo ahora!
Un día mientras él y Jaejoong bromeaban en el carro del
primero, llegaron a la conclusión de que el volvo merecía tener un nombre.
—¿Cómo te atreves, Naruhodo?— gruñó al aludido, mientras intentaba arrancar
de nuevo, pero el vehículo parecía no querer hacerlo. Una razón era que su tanque
estaba vacío de gasolina, y aún así el castaño, tercamente, no se daba por
vencido en que por algún milagro este finalmente encendiera para poder largarse
de ahí.
Tenía que irse antes de
perder el control, al saber que a tan solo unos metros
estaba Jaejoong. Antes de cruzar
la puerta, para volver a entrar al recinto y tomarlo del brazo para llevárselo
a su departamento y demostrarle que él era mucho mejor que ese delincuente de
Eunjae.
Sin embargo…ese era tan sólo
un pensamiento, un impulso, no lo llevaría jamás a la realidad. No debía, más
bien. Por esa razón, aseguró las puertas del vehículo, encerrándose a mismo. Decidido a no
salir de ahí, para cometer alguna imprudencia. Lo último que necesitaba era más
escándalos a su extenso historial.
Dio un último golpe al
volante, para después apoyar su frente y
gruñir. El corazón le latía demasiado rápido, y comenzaba a sentir su
estomago revuelto por los nervios.
—No despegues tu frente, no
salgas del auto, no te atrevas.— murmuraba entre dientes dándose pequeños topes.
No sirvió de mucho. Cuando
acordó, su mano actuaba sola y abría la puerta, deshacía las llaves y las
guardaba en su bolsillo. Terminó por bajar del coche. Changmin se mordía los
labios, apretando la puerta sin atreverse a cerrarla aún.
Se imagino caminar
decididamente, llegar hasta la mesa lleno de sujetos intimidantes y tomar al
pelinegro de la muñeca. Tenía tantas ganas de darle un puñetazo en la cara a Jaejoong,
como de devorarlo de un beso después de
llevárselo de ahí.
Soltó una risita amarga por
aquel pensamiento.
La música, ahora ruidosa,
del interior, no llegaba a amortiguarse
en las paredes, llegaba a los oídos de Changmin y esto, le hacía aún más consciente del lugar en
donde estaba. Su mirada se mostró perdida por un instante, chasqueó la lengua frunciendo el ceño y se adentró de nueva
cuenta al auto.
Donde después, acurrucándose
en el asiento y pegando sus rodillas al pecho al subir las piernas, trató de que Yoochun le contestara. Pero el
número simplemente marcaba fuera de servicio.
Estaba convencido de que él se
habia ido con alguna chica y apagó su celular para que no le molestaran.
Soltó una maldición, algo
inusual en él, después de arrojar su
celular al asiento capitulo.
“¿Ahora qué?” pensó, mirando
a las personas salir y entrar del lugar siendo
iluminadas por las luces del los autos que se estacionaban.
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Jaejoong se quedó observando
el rostro del par de sujetos frente
a él, después de que uno le pasará una cerveza, así… ambos corpulentos de piel morena probablemente rondando los treinta y
tantos, le hacían preguntarse qué tipo
de tratos llevaba Eunjae con ellos, pero más importante, porque el pelirrojo lo
habia querido traer a él aquí esta noche.
Eunjae hablaba con ellos de
algo que él no podía entender realmente, sin embargo, parecían estar llegando a un trato. Tampoco
era como si estuviese prestando mucha atención, los términos que llegaba a
comprender le ponían los vellos de punta. La música estruendosa comenzaba a pulsarle en
las sienes. Jaejoong cerró los ojos por un momento. Comenzaba a sentirse un tanto mareado.
Su botella era la única en terminarse
pues cuatro largos tragos le habia dado,
la sostenía en su mano con algo de nerviosismo, mientras que con la otra
apretaba la tela de su pantalón. No
podía enfocar muy bien las cosas, los rostros de los tipos se volvían borrosos
por momentos.
Escuchó su nombre de los
labios de uno, seguido de una carcajada, después algo que no alcanzó a
comprender provenir del otro.
Dejó la botella en la
superficie de vidrio, notando cómo su
mano temblaba un poco. ¿Qué le pasaba?
Eunjae tocó su hombro
suavemente, llamándole.
—¿Te encuentras bien?— Le
preguntó, un esbozo de preocupación en su voz.
Jaejoong intentó asentir, pero sus ojos se cerraban.
El pelirrojo lo tomó del rostro, obligándolo a verle.
Habia dos Eunjae’s para el menor, y no podía entender muy bien lo que decía.
—¿Qué mierda?—Exclamó,
observando ahora a los tipos. —¿Qué le hicieron? Ustedes querían que trajera un
acompañante. ¿¡Para qué diablos!?— El pelirrojo se puso de pie, estampando su botella
en la mesa y causando un estruendo.
—No llames la atención.—
Siseó uno. El más viejo, quien vestía la chaqueta de cuero, se descubrió
mostrando una pistola escondida en la prenda oscura.
—–Sólo queríamos ver la mercancía
manejabas. –apuntó con un semblante inexpresivo ahora, peligroso. – Empezaremos
con él, y ya veremos sí te contratamos como proveedor.
Eunjae reprimió las ganas de
pelea por esta vez, tomó la muñeca de un aturdido Jaejoong, para levantarlo de la silla.
—Jaejoong, no ¿entienden? Se suponía que sería con LeeU ¿no lo
recuerdan? — Habló cauteloso. —No hay trato con Jaejoong.
—Oh, no te pongas así.–rió
el otro, levantando las manos como si quisiera calmar la situación. —¿No es obvio?
Si un proxeneta. –Se señaló el mismo y su compañero.— Te pide que traigas a un
chico para que te acompañe…y siendo tú
¿Qué deberías pensar? No te pongas
pesado con nosotros, niño. No estamos jugando.
—Yo creo que este jovencito
es mejor, ¿no? Podríamos pagarte el
doble por él.- murmuró el otro pensativo.
Eunjae afiló la mirada,
haciendo más fuerza en su agarre situó
al menor (que parecía estar a punto de caerse) detrás de él, retrocediendo. –Olvídalo.
—¿Qué? ¿Ese chico es tuyo?
—Por supuesto. – Casi les
gruñó. –Tenemos que irnos. – Dicho esto, tomó al pelinegro por la cintura y
pasó un brazo lánguido por su cuello.
. —¿Hiciste control de
calidad?— Soltó una risotada sin una pizca de humor. Ellos iban en serio. —¿Fue
bueno? ¿Cuál es su valor?
Ignorando lo último y los
llamados del hombre, el pelirrojo caminó cómo pudo entre la gente para salir
del club, sin mirar atrás: donde uno de
los dos hombres llamaba por celular con media sonrisa y ambos se ponían de pie
también.
El guardia los dejó salir
pensando que Jaejoong estaría demasiado ebrio y por eso el otro debía ayudarlo
a caminar. Cruzaron la pequeña calle hasta la parte con menos iluminación,
junto a las paredes grises que bordeaban el lugar. Apenas habían llegado al
estacionamiento, su camioneta estaba a unos cuantos autos, debían darse prisa.
—H…hyung…— Balbuceó sin
poder pronunciar bien, todo era borroso y la cabeza le pesaba tanto que creyó
en cualquier momento caería al suelo –No me siento bien…— sus rodillas
flaquearon, recargándose completamente en el cuerpo más alto.
Eunjae lo sostuvo de los
hombros, aprisionándolo contra la pared. Jaejoong no atinaba a reaccionar a las
pequeñas palmaditas que le daba en las mejillas para que volviera en sí.
—No hagas esto ahora. –
Continuó Eunjae. – Despierta. — Esta vez lo empujó, pero Jaejoong si quiera
reaccionó por el golpe. Aferró sus manos
a la camisa del más alto, débilmente, soltando un quejido amortiguado antes de cerrar los ojos
y dejarse caer por completo. Se habia desmayado por la droga.
Eunjae pasó una mano por su
cintura para evitar que cayese al suelo.
Intentó echar el peso muerto de Jaejoong
a su hombro, cuando las luces de un auto
a su espalda, encandilaron su visión.
Por accidente dejó caer el cuerpo inconsciente, cuando volteó a aquella dirección, sobresaltado. Habia creído que se trataba
de los dos negociantes. Pero solo eran adolescentes maniobrando para salir de
esa zona estacionamiento, la cual estaba quedando casi desierta.
Jaejoong habia caído de
sentón, recargándose contra la pared. Una mueca de dolor se formó en su rostro,
ahora pálido. Eunjae se inclinó al instante, sosteniendo sus mejillas.
—¿Qué lo fue que te dieron?
–susurró con preocupación. No sabía qué hacer, si debía llevarlo al hospital. A
saber si era peligroso o quizás tan sólo tenía que esperar a que los efectos se
pasaran con las horas.
Aún así, no estaba muy
seguro de lo último.
Removió un par de mechones negros que se pegaban a su frente.
Jaejoong comenzaba a transpirar, Eunjae pensó que quizás estaba bien aquello y
decidió llevarlo a casa.
Pero cuando se acercó más
para pasar sus manos por debajo de las rodillas y el cuello del menor para
cargarlo, una mano apretó dolorosamente su hombro. Después el pelirrojo fue
obligado a voltearse.
Una mano echa un puño se
estampó contra su boca y nariz, llevándolo hacia atrás
— ¡¿Qué estás haciendo con Jaejoong?!—
Gritó Changmin, hecho una furia, con los
ojos redondeados. Tomó a Eunjae por el cuello, manchándose las manos de sangre
proveniente de la hemorragia nasal.
El castaño los habia visto
minutos atrás, saliendo del recinto demasiado juntos. Habia apretado el
volante, mordiendo sus labios hasta casi hacerlos sangrar, sintiendo por
primera vez lo que era tener aquellos celos que quemaban el estomago y hacia que
tus ojos ardieran.
Pero entonces vio que más
que parecer ebrio, Jaejoong estaba débil, a punto de desmayarse, y el cómo se dejaba caer a los brazos de Eunjae.
No lo habia pensado dos veces y habia
bajado del auto con los puños encrespados.
Tiró a Eunjae a un lado
sujetándolo de la tela de su camisa, alejándolo del pelinegro. El de cabello rojo no pudo impedirlo porque intentaba
parar el flujo de sangre en su nariz con las dos manos, aturdido. Changmin lo
habia golpeado realmente fuerte. Después de todo, habia estado reprimiendo las
ganas de golpear a Eunjae por un buen tiempo.
—Jaejoong…Jaejoong… oye…—
Llamó el cantante, levantando su rostro por el mentón. Sus ojos estaban cerrados, y sus
labios ahora sin color, olían a alcohol.
No parecía reaccionar.
No
entres en pánico, Shim Changmin. Jaejoong estará bien, sólo tienes que llevarlo
malditamente rápido a un hospital.
La mirada de Changmin se
cristalizó, sin embargo, logró rodearlo y llevarlo entre sus brazos. No sé le pasó por la mente si era pesado o
no, o incluso si Eunjae comenzaba a ponerse de pie con el rastro de sangre en
todo su rostro, o su Yoochun aún estaba adentro del club.
Tenía que encontrar un taxi.
Tampoco prestó atención a la
camioneta de vidrios negros que se
precipitaba hacia ellos. Eunjae empujó a
Changmin hacia la última fila de autos
aparcados para ocultarlo entre ellos, quedando tirado con Jaejoong a cuestas. Después
el vehículo, dio la vuelta, derrapando desastrosamente sobre el pavimento y
estacionándose a unos metros de los tres.
-¡Largo!- Le gritó a
Changmin, su voz profunda se escuchaba aterrorizada. - ¡Llévate a Jaejoong!-
bramó, rebuscando nerviosamente en el bolsillo de su pantalón y lanzándole las
llaves de su camioneta.
Cargando el cuerpo de
Jaejoong ahora en su espalda y reincorporándose, Changmin las atrapó a pesar de
la confusión.
-¡Maldita sea, date prisa!-
Señaló su vehículo, sin voltearlo a ver ahora, pendiente de los sujetos que se
bajaban del otro transporte. Eunjae conocía a unos cuantos de ellos, y sabía
que estaba en problemas, sin embargo, no podía permitir que Jaejoong, a pesar
de todo, resultara dañado por su culpa.
Aunque Changmin no podía
saber de qué se trataba todo eso, aún
así comprendió que lo mejor sería correr. O intentar hacerlo con el peso extra.
Dirigiéndose a la dirección señalada, apunto frenéticamente con el control
eléctrico de las llaves hasta que, gracias al cielo, dio con la camioneta
correcta.
Presionó una vez más,
escuchando una especie de clic. Changmin
abrió la puerta del copiloto para dejar a Jaejoong recostado. Al entrar,
justo antes de arrancar la enorme 4x4, abrochó el cinturón de seguridad del
mayor.
-Eres un idiota.- Susurró
cerca de aquel rostro, las pestañas
acariciaban los pómulos húmedos por el sudor. Lo observó con un indecible
pesar. Se alejó para tomar el volante, encender y dar
reversa. –Eres un idiota, Changmin.
Lo único que pudo ver el
cantante por el espejo retrovisor, para acelerar y salir a la avenida llena de autos, fue al
pelirrojo siendo rodeado por aquellos sujetos, más otros dos más que salían del
club.
-Contesta Yoochun- Trató de
marcar de nuevo, agradeciendo en tenerlo como marcación rápida. Casi se echa a
llorar cuando su amigo descolgó el teléfono. -
Jaejoong as an aspiring singer, Changmin as a weary artist. ON jueves, 25 de abril de 2013 AT 10:36
They remembered very different first meetings, and being them, they tend to argue as to who’s right.
Changmin remembers a pale beauty crashing into him while he wandered the streets in the rain, dying to paint but with no inspiration at all but for the play of light in the puddles of water. After looking down at glimmering skin and dewy lips, all he wanted to paint were pale diamond eyes with the depth of the oceans, eyes that haunted his mind and asked if he’d ever find them.
Jaejoong remembers an icy cold day, breath warmed inside his cupped hands but it wasn’t enough. His shoulder brushed past something strong, something that left behind it a swell of warmth and musk that was dangerously familiar. He turned his head, catching a glimpse of a twisted smirk and a devastatingly forceful expression. For weeks after, his songs were filled with accidental love and his dreams with long legs and quirked lips.
But now, as they’re twisted together in a studio of easels and speakers, paint splattered fingers press against song swollen lips, and nothing seems to matter. They’ll argue about this later.
Te quiero más ON AT 10:31
The pain of loss moves too quickly and fingers shall fall apart into a plethora of pain that will never cease. His only, his forever, his everything, is, was, and shall evermore be vanished from his seeking gaze, gone into the aftermath of an event too much for lives to handle. Try as he will, nothing can ever bring another back from the place beyond mortal reach, from the clouds beyond eternal suffering. Never is much too long for anyone to comprehend, yet he must and so must you.
Sometimes Jaejoong wonders if Changmin can still hear him.
Sometimes Jaejoong wonders if Changmin knows how much this hurts, how little he can remember, how empty everything is now that he’s alone. Sometimes Jaejoong wonders if Changmin is laughing at him, whispering in his ear and chuckling in his sarcastic way when Jaejoong looks around as if he were a madman, fingers reaching out to grapple something that was never there. But mostly Jaejoong wonders if Changmin misses him, just like he misses his best friend, his lover, his everything in the whole entire world.
And every second of every day, Jaejoong wonders when he’ll be able to see Changmin again.
Amor ON AT 10:28